El divorcio entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón beneficia a alguien del otro lado de la vereda que se relame pensando en la división de votos que dejará vía libre para mantener el control de la Comunidad Autónoma de Madrid y la perpetuación de sus organizaciones corruptas en el poder. Un viejo cuento conocido en la izquierda, y siempre la mejor carta de la derecha cuando hay amenaza de tormenta.

Fotografía: Patricio Realpe

Una frase de Hernán Casciari sobre la debacle del fútbol como espectáculo puede ser traída hacia la política: “teníamos un juguete y lo rompimos”. En términos generales se llamaba democracia, en concreto, se llamaba izquierda. El revuelo causado por la ruptura (¿esta vez final?) entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón nos hace recordar que, con cierta regularidad, la izquierda y sus vanidosos líderes son más expertos en el autoboicot que en la tarea de lograr justicia social.

Después del cisma ocurrido en Vistalegre II, Errejón se manejó en el perfil más bajo trabajando con la encomienda de ganar las elecciones autonómicas de la Comunidad de Madrid. La estrategia de Errejón fue callar, aprender de la experiencia en el ayuntamiento de Madrid, y fortalecer los lazos con Manuela Carmena. La primera parte del proyecto de Errejón se consolidó cuando Carmena aceptó la candidatura para la reelección como alcaldesa de Madrid. El resultado de la segunda está por verse. Ahora mismo, Errejón tiene un pie y medio fuera de Podemos, partido del que es fundador, y mucha incertidumbre de cara a las elecciones de mayo.

Por su parte, Iglesias no ha tenido buena ventura desde que fue electo Secretario General de Podemos. Además de los escándalos por su chalet, las fisuras internas del partido son difíciles de manejar. Los resultados de las autonómicas en Andalucía fueron ya la alarma final de los augurios para el partido. Esta situación, sumada a la rigidez estratégica y de la organización ponen nuevamente al número 1 de Podemos contra Errejón, de quien se pensaba había adoptado una posición dócil. Iglesias y sus aliados han aclarado que la estrategia se mantiene y se presentarán a las elecciones y han deseado suerte a Errejón.

En esta novela epistolar se puede leer, entre líneas, quienes son los interlocutores de cada uno, y también los asuntos que son de importancia. Las nubes de palabras presentadas aquí muestran esto. Unos y otros en sus trincheras, unos y otros acusándose de traición, necedad, personalismo, y demás. Alguien del otro lado de la vereda se relame pensando en la división de votos que dejará vía libre para mantener el control de la Comunidad Autónoma de Madrid y la perpetuación de sus organizaciones corruptas en el poder. Un viejo cuento conocido en la izquierda, y siempre la mejor carta de la derecha cuando hay amenaza de tormenta.