Desde la irrupción de Podemos y Ciudadanos como actores de peso en la arena política, España ha vivido probablemente los tiempos políticos más convulsos en las últimas décadas. Es difícil hablar de inestabilidad, pero gobiernos en funciones, mociones de censura y presidentes que duran 8 meses son síntomas de que la tarea de gobernar en España es casi imposible. Estos hechos dejan ver a un país atravesado por múltiples rupturas que van mucho más allá de izquierdas o derechas.

Fotografía: Moncloa

Ayer Pedro Sánchez no ha logrado sacar adelante los Presupuestos Generales y parece que su única salida es convocar a elecciones. Se le acabó el tiempo y la capacidad de maniobra, a la par, sus posibles aliados le han abandonado. Los votos del PP, C’s, y los partidos independentistas ERC y PdeCAT han sepultado las intenciones de Sánchez de continuar en la Moncloa. Pero el fracaso de los presupuestos comienza mucho antes, y se trata de una historia en la que el PSOE no ha podido contentar a todo el mundo.

Una de las razones inmediatas para que no prosperen los Presupuestos Generales del PSOE fue la votación en contra de los partidos independentistas (ERC y PdeCAT). Sánchez había apostado por dar la cara al problema y buscar una solución política. Para ello sentó en la mesa de diálogo a la controvertida figura del “relator”, a lo que las derechas (PP y C’s) reaccionaron con la sabida polarización y escándalo por la “sumisión del socialismo a los que quieren romper España”. La estrategia falló porque Sánchez inútilmente puede ofrecer algo al independentismo ya que carece de fuerza política. Además de ello, los barones dentro del partido presionaron a Sánchez echarse para atrás en las negociaciones debido a la aproximación de las próximas elecciones autonómicas. Ni chicha ni limonada.

Un poco antes, las elecciones andaluzas en las que el PSOE salió del gobierno autonómico después de 40 años son reflejo de la fuerza que ha perdido el PSOE en los últimos años, y sobre todo de lo que podía pasar en unas elecciones generales. Las plataformas electorales de los partidos de derechas iban desde leyes antiinmigración, en contra de las leyes que protegen a las mujeres de violencia machista, entre otras. En tiempos políticos donde los extremos toman fuerza, las posiciones moderadas, tibias y que intentan contentar a medias a todo el mundo pierden espacio.

También antes, el gobierno del PSOE logró avanzar en materia económica, con el aumento del Salario Mínimo Interprofesional, que contó con el apoyo de Podemos y otros partidos de izquierdas, lo cual parecía garantizar el apoyo en futuras decisiones. Asimismo, intentó pasar un aumento en el límite gasto directamente ante la Unión Europea, sin pasar antes por la aprobación de los presupuestos en el Congreso, lo cual se vio como una maniobra desesperada que mostraba la debilidad política del PSOE en la Cámara.

Finalmente se puede ir más atrás y buscar el fracaso de los presupuestos en el origen mismo de la presidencia de Sánchez. Gobernar con apenas 84 diputados de 350 era prácticamente una quimera y estaba claro desde el principio que el viaje sería corto. Si bien es cierto que el mecanismo de censura es plenamente constitucional, la maniobra política inmediata debía consistir en construir una colación firme que permitiera llevar adelante un gobierno hasta 2020 y no únicamente ganar tiempo. El PSOE y Sánchez sepultaron esta posibilidad y, seguramente han hipotecado su suerte en las elecciones autonómicas, intentando suturar todas las rupturas por las que hoy sangra España.