Mascarávila, el festival de máscaras y danzas de la provincia de Ávila, ha recorrido las calles de Piedralaves, un pequeño pueblo abulense del Valle del Tiétar. Los cucurrumachos de Navalosa, los harramachos de Navalacruz, los machurreros de Pedro Bernardo, las toras de Fresno y los zarramaches de Casavieja, todas ellas mascaradas abulenses, han mostrado a los visitantes la singularidad, energía y fuerza de las costumbres que atesora la provincia de Ávila. Tradición y cultura llena de reminiscencias ancestrales nos ha recordado nuestros orígenes. Las máscaras y botargas de Guadalajara han sido las invitadas este año.

Botargas
Fotografía: Patricio Realpe/ChakanaNews
Cucurrumachos
Fotografía: Patricio Realpe/ChakanaNews
Harramachos
Fotografía: Patricio Realpe/ChakanaNews
Machurrero
Fotografía: Patricio Realpe/ChakanaNews

La indumentaria de las mascaradas hipnotiza por su variedad y colorido, pero además tienen una simbología propia y diferente para cada una de ellas.

Los cucurrumachos de Navalosa huelen a tierra a paja y heno. Nos cuentan que su origen se remonta a los ritos paganos de vetones o celtas, algo que no está confirmado. Vestidos con mantas pingueras multicolores y con una máscara con cornamentas y llena de crines de vaca o caballo, adquieren un aspecto esperpético, que cumple con su objetivo de ahuyentar al mal. En su recorrido lanzarán paja de sus alforjas, como reminiscencia de las épocas de siembra y de siega. El estruendo de sus cencerros nos anuncia su llegada.

Los harramachos de Navalacruz nos transportan a una Iberia mágica, en la que se celebraban ritos de protección del ganado, pero también de los niños. Pueden ir vestidos con agallas o agallones de roble, con arpilleras o cubiertos con pieles de animales, sin tener una forma determinada de máscara. También son un ritual de llamada a la fertilidad.

Los machurreros de Pedro Bernardo aparecen vestidos de militares, pero lo que llama la atención son sus máscaras cuidadosamente talladas en madera, todas diferentes, ocultando su identidad. Su cabeza la cubren con pañuelo negro y llevan cencerros para asustar a quién se les antoja, utilizando también sus varas.

Mascaritas
Fotografía: Patricio Realpe/ChakanaNews
Serranas
Fotografía: Patricio Realpe/ChakanaNews
Tora
Fotografía: Patricio Realpe/ChakanaNews
Zarramaches
Fotografía: Patricio Realpe/ChakanaNews

Las toras de Fresno son personajes “traviesos”, ataviados con sacos y harapos y con sus piernas forradas con sacos de papel amarrados con cuerdas. Llevan una testuz de vaca en sus manos, con prominentes cuernos con los que buscan asustar al público, acompasados al ruido de sus cencerros.

Los zarramaches de Casavieja son personajes de blanco que llevan a su espalda tres cencerros, de cuyo golpear les protege una estera de esparto que se coloca en la espalda. Llevan un gorro cónico, cubierto con cintas con los colores del arco iris. Al igual que el resto de personajes, les encanta divertir y perseguir a los niños.

El grupo invitado este año han sido las máscaras y botargas de Guadalajara, personajes ancestrales, con rostros esperpénticos que despiertan con el invierto, rebuscando nuestros miedos.