Cuando uno de los principales problemas del Ecuador es la pobreza, considerar la implementación de la renta básica universal como una solución es necesario. La renta básica consiste en un pago individual en efectivo para toda la población, periódico e incondicional (1). En el mundo esta idea tiene más de medio siglo y se ha intentado implementarla en diferentes contextos.

Puerto el Carmen

Fotografía: Patricio Realpe/ChakanaNews

Son conocidos los intentos en países con posibilidades económicas de aplicarlo, como Finlandia, aunque la mayoría de las pruebas han sido a nivel local y en países en vías de desarrollo. Hay muchas razones por las que la idea de una renta básica universal emerge como necesaria para combatir la pobreza y generar desarrollo. Sin embargo, los costos que se supone sumados a una idea de competencia fuertemente arraigada en la mentalidad occidental han frenado que incluso se la considere como una opción razonable. Aquí se intenta pensar sobre los motivos por los que en un país como Ecuador es necesario considerar la renta básica como una opción para paliar el problema de pobreza, y los problemas que pueden existir. Es decir, por qué es necesaria y por qué es posible.

¿Por qué es necesaria?

Olmedo

Fotografía: Patricio Realpe/ChakanaNews

Uno de los principales problemas del Ecuador es la pobreza estructural que nos acompaña desde hace siglos. Las diferentes soluciones que se han querido aplicar van desde subsidios, bonos de pobreza, hasta fuertes aperturas comerciales no han logrado paliar el problema. Las cifras a la fecha oscilan cerca del 25% de pobreza, y 10% de pobreza extrema. Del mismo modo, no existe a lo largo del tiempo una caída sustancial de los indicadores de desigualdad. Las razones, en parte provienen de la dependencia con el petróleo y materias primas que tiene el país desde hace varias décadas y la escasa producción de bienes con valor agregado. Es decir, Ecuador solo vende materia prima, no produce ni tiene industria. En este contexto, el empleo está concentrado en el sector público, en los servicios (comida, comercios, etc.) y en la informalidad de la calle. La renta básica daría seguridad a ese 25% de personas que están bajo la línea de la pobreza y al 25% de desempleados y subempleados que están en condiciones inciertas e informales (2).

Sin embargo, hay razones de mayor profundidad respecto a cómo entendemos la vida en sociedad que entran en consideración. En primer lugar, está la separación ficticia y arbitraria de la vida productiva y reproductiva (o de cuidados). En los modelos económicos occidentales la vida productiva es remunerada, mientras la vida reproductiva, a cargo de las mujeres, no tiene ninguna visibilidad y no está monetizada ni mercantilizada, aunque demande tanto o más tiempo y esfuerzo que la primera. En este sentido, la renta básica, al ser individual también aporta a reducir no solo una brecha de género en cuanto a ingresos, sino a reducir la dependencia económica de las mujeres respecto a sus parejas (3). Del mismo modo, a los trabajadores con bajos salarios la renta básica garantiza unos mínimos de supervivencia y en consecuencia mayor poder de negociación con el empleador. Esto puede ocurrir tanto a nivel individual como colectivo, por lo que el poder de los sindicatos deberá cambiar y responder a las necesidades de los trabajadores. Otra consecuencia es que los trabajos que requieren personal especializado deberán mejorar las condiciones de salario y horarios ya que la competencia por la supervivencia queda anulada y los especialistas podrán optar por mejores opciones en el mercado laboral. Finalmente, la automatización también supone una amenaza al futuro del trabajo. Se estima que muchos de los trabajos que se realizan hoy podrán ser automatizados y una posible solución al problema de ese desempleo es la renta básica.

Pero aún hay algo más profundo que equilibrar las cosas para los sectores vulnerables. La pobreza estructural y sistemática afecta severamente la forma en la que las personas toman decisiones, lo que se conoce como psicología de la pobreza. Concretamente, la pobreza limita las funciones cognitivas para planificar a largo plazo debido a que la atención se centra en las necesidades de corto plazo. Los profesores Mani, Mullainathan, Shafir y Zao, encontraron, por ejemplo, que granjeros en India tomaban peores decisiones financieras antes de la cosecha (en período de pobreza) que después (4). Estas diferencias se debían a la presión cognitiva que enfrentaban en tiempos de escasez. Estos hallazgos contradicen la noción ampliamente difundida de que los pobres son pobres porque quieren, porque no se esfuerzan o porque son menos inteligentes. De este modo se cuestiona la idea de que la pobreza es consecuencia de un tipo de pensamiento o personalidad, sino todo lo contrario, es la causa de ese tipo de decisiones, y la renta básica puede ayudar a mejorar la calidad de esas decisiones.

¿Es posible?

San Juan Urco

Fotografía: Patricio Realpe/ChakanaNews

Los intentos de implementar la renta básica también han dejado resultados muy interesantes. Contextos tan dispares como Namibia, Finlandia, Canadá o Barcelona han aplicado programas piloto, con resultados positivos. Por ejemplo, Rutger Bergman cuenta en su charla TED que uno de los casos conocidos, pero poco estudiados, Dauphin, Canadá, fue exitoso en cuanto a la calidad vida de las personas en salud, educación y criminalidad. Mejoró el rendimiento escolar, bajó las tasas de hospitalización y criminalidad. Todo esto sin que las personas dejen sus empleos (5). Otro ejemplo es el caso de Namibia, que se ha sostenido gracias al apoyo de organizaciones no gubernamentales y fondos privados. Sin embargo, muchos de los proyectos han sido suspendidos por iniciativa gubernamental sin tomar en cuenta evidencia sólida sobre los resultados. Actualmente existe una red global de proyectos sobre renta básica que analizan sus posibilidades y resultados (www.basicincome.org).

La pregunta fundamental sobre las posibilidades de aplicarlo radica en el origen de los fondos para sostener los programas. Las opciones son variadas y pueden aplicarse en conjunto. La primera de ellas es los impuestos al consumo que se genera con la propia renta. Al haber más capacidad de consumo, ello puede mejorar la recaudación de impuestos. Otra forma es la recaudación de fondos privados que provengan de la filantropía o para devengar impuestos, o de organizaciones sin fines de lucro que pueden aportar también recursos externos.

En el caso de Ecuador existen estudios sobre la factibilidad la renta básica, tanto en términos económicos como legales (6). Por ejemplo, un equipo de investigación liderado por Byron Ramírez ha realizado simulaciones de los escenarios posibles para aplicar la renta básica en Ecuador. En ellos se considera escenarios donde los fondos provienen del superávit financiero, la eliminación de otro tipo de transferencias de este tipo, como el bono de desarrollo humano, entre otras opciones (7). También puede considerarse la ganancia extra de bienes como el petróleo, además del dinero que se usa actualmente en subsidios y otros rubros de gasto social, pueden dedicarse a este tipo de iniciativa. Además, se ha hablado mucho sobre el gran tamaño del estado y la cantidad innecesaria de burócratas, que con el paso del tiempo es difícil remover. La renta básica, por ejemplo, facilitaría utilizar los recursos del estado de manera eficiente y emplear el numero justo de funcionarios sin que el resto se quede en total abandono. De hecho, la renta básica tampoco va en contra de medidas que algunos liberales defienden, como la flexibilización laboral (trabajo por horas o contratos no fijos), ya que con una regulación adecuada se puede negociar la cantidad de horas para trabajar sin la presión para el empleado de quedarse en el desempleo en caso de no acordar.

Entonces, ¿por qué no?

Zamora Chimchipe

Fotografía: Patricio Realpe/ChakanaNews

La renta básica exige erradicar la visión paternalista de que la gente en mejor posición sabe lo que los pobres necesitan. Exige también, garantizar un ingreso mínimo para que los pobres lo ocupen en lo que necesitan y desean, en lugar de gastarlo en lo que los “expertos” creen que necesitan. Evidentemente quedan preguntas por responder, como por ejemplo las diferencias entre las necesidades de poblaciones urbanas y rurales, o el posible aumento del costo de vida (vivienda, servicios, etc.) dado aumento en la capacidad de consumo. Sin embargo, ello no debería frenar los intentos reales de eliminar la pobreza mediante este mecanismo. La renta básica cuestiona la idea generalizada de que los pobres son pobres porque quieren, porque no emprenden, porque son vagos, tontos y no les gusta trabajar. Pero, en última instancia, cuestiona la idea de que la vida en sociedad es una competencia cotidiana por sobrevivir. Si la gente tiene garantizado un ingreso que le permita comer y dormir, sus emprendimientos serán de mejor calidad, su tiempo será empleado de un modo que satisfaga sus necesidades y su felicidad desde la independencia entre salario y subsistencia. Tal vez esta sea la idea que más aterra a quienes están en contra de la renta básica: la libertad real de personas que ya no dependen de su salario para sobrevivir.

Nambija

Fotografía: Patricio Realpe/ChakanaNews

Referencias:

  1. https://basicincome.org/basic-income/
  2. Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. Informes de pobreza por ingresos y empleo a junio de 2018.
  3. https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/Renta_basica-cuidados-pobreza-derechos_sociales_6_749685062.html
  4. http://science.sciencemag.org/content/341/6149/976
  5. https://www.ted.com/talks/rutger_bregman_poverty_isn_t_a_lack_of_character_it_s_a_lack_of_cash
  6. http://dspace.uniandes.edu.ec/bitstream/123456789/453/1/TUAMDC026-2015.pdf
  7. http://www.revistaespacios.com/a18v39n08/a18v39n08p04.pdf